Cada día nacen niños en varios puntos del planeta. Sin embargo, no todos nacen de la misma manera o bajo las mismas condiciones. Algunos vienen al mundo en un hospital público y otros lo hacen en uno privado. Algunos en una casa y otros en una bañera. ¿Cuál es el caso de Sevilla?
Es como cuando vas a tener una relación sexual: con seguridad y sin interrupciones. De esta manera se consigue un nacimiento orgásmico. ¿Qué querrá decir? La idea que nos da la doctora Marsden Wagner, directora de la organización de la salud de mujeres y niños del mundo, no es muy convencional. Pero todo cobra sentido tras escuchar a Luz Viudes Middelman, una doula (o matrona sustituta) procedente de Tarifa, que nos comenta esta revolucionaria idea, al punto de parecernos hasta lógica.
En su labor como doula, Luz se dedica a dar apoyo emocional y psicológico a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. Sus ojos brillan cuando nos habla sobre lo que ahora se conoce como un nacimiento orgásmico: ‘las personas involucradas deberían respetar, tanto como sea posible, la intimidad y la conexión que se crea en ese momento’.
Aunque es difícil conseguir esa intimidad en un sistema sanitario público. Basta con imaginar esas horas previas al parto (el sudor comienza a brotar, las obscenidades salen a gritos, el dolor se intensifica). Y en ese mismo momento una mujer mantiene una conversación con su marido sobre los planes que tiene para cenar con los abuelos el próximo fin de semana. Este no es precisamente el entorno tranquilo e íntimo al que Luz se refería. Por tanto, ¿es ésta la única opción para las mujeres en España?
En Andalucía, las opciones para las mujeres que van a dar a luz se reducen a los sistemas sanitarios públicos o privados. Según Antonio Jiménez, jefe del departamento de ginecología del Hospital Universitario Virgen de Macarena de Sevilla, el 80% escoge la vía pública. Si el 20% restante escoge un centro privado para poder disfrutar de una mejor comida, una habitación individual antes y después del parto (sin la mujer charlatana) y una atención más personalizada, por qué escoger cualquier otra opción?
El dinero es un factor importante. El doctor Carlos Jiménez, quien ha seguido los pasos de su padre en el campo de la ginecología, dice que se debe esperar un importe de más de 4450€ ($6700) para dar a luz en un hospital privado. Este precio sería considerado ‘una estafa’ en los Estados Unidos, en donde el paquete completo de felicidad roza los 5850€ ($8800) según un reportaje del March of Dimes en 2007. El caso es que en Estados Unidos no hay otra elección y en Sevilla las mujeres pueden elegir no pagar una fortuna.
Antonio enumera otro factor crítico que afecta a la decisión que son los recursos disponibles en el sistema público (una ventaja de la que hacen eco Olga Merino y Morgan Reiss, dos madres en Sevilla). La asistencia médica, las salas de parto, el personal y la tecnología que se ofrece son de mejor calidad. De hecho, si hubiese alguna complicación durante el parto en una institución privada, la afectada sería inmediatamente trasladada al hospital público más cercano.
El doctor Jiménez nos explica que esta ha sido la situación desde 1975, momento en el que la tecnología mejoró notablemente el desarrollo de los embarazos, partos y nacimientos en Sevilla. De acuerdo con las estadísticas, la tasa de mortalidad infantil descendió en picado de 22 muertes de cada 1000 nacimientos a sólo 6 o menos en 1998. La tasa de mortalidad materna también descendió de los 46 casos en 1975 a 2 en 1996.
En el pasado, los bebes prematuros que cabían en la palma de la mano no tenían ninguna esperanza de sobrevivir. Con la incorporación de las ‘máquinas milagrosas’, como los ventiladores y las incubadoras, los 4000 primerizos que nacen cada año en España tienen ahora la oportunidad de sobrevivir. Luz Viudes añade que el método conocido como ‘el cuidado canguro’ ha mejorado el panorama. Este método enfatiza la importancia del contacto entre el bebé y la madre, que ayuda a estabilizar el ritmo cardiaco, la temperatura corporal y la respiración del bebé. Amamantar al bebé es también una parte esencial de este método para desarrollar la fuerza del recién nacido. Un bebé prematuro que recibió la ayuda de Luz debía permanecer en la incubadora durante dos meses; combinando la tecnología y el método, el tiempo se redujo a tres semanas.
Otro desarrollos tecnológicos incluyen esa maravillosa inyección que la mayoría de las mujeres exige, cuyo efecto adormece la zona abdominal: la epidural. Este salvavidas no estaba disponible hasta mediados del siglo XX. La epidural da ahora a las mujeres la opción de sentir dolor o...menos dolor. Para Olga Merino, la epidural es ‘estar en la gloria’ después de horas de dolorosas y fatigosas contracciones. Antonio Jiménez señala que un 80% de las mujeres utilizan la epidural durante el parto. Y el 20% que no la utiliza caen en esta categoría simplemente porque no tienen tiempo para nada más. Un ínfimo 1% de las pacientes desean un parto natural, evitando el uso de la epidural.
A pesar de este pequeño porcentaje, muchos doctores, entre ellos Carlos Jiménez, están a favor de los partos naturales y se esfuerzan por hacer de éstos lo ‘más naturales que sea posible’. Y es que hay opciones para las mujeres: Morgan Reiss quiso dar a luz voluntariamente sin el uso de medicamentos. En principio había pensado en un parto en el agua, pero ya que en Sevilla no hay centros especializados tendría que desplazarse unos 350 kilómetros hasta Madrid. En lugar de eso, se le asignó la tarea un partero Belga (conocido como ‘la persona indicada para el trabajo’) de ayudar a Morgan con su embarazo y parto ya que él estaba bien informado, capacitado y dispuesto a realizar acciones revolucionarias. El partero resultó ser la opción indicada para Morgan: su parto ocurrió de forma rápida y simple que no hubiese tenido tiempo para pedir la epidural. Aunque admite que durante el momento más duro del parto la quiso desesperadamente, también nos cuenta con una sonrisa: ‘justamente cuando crees que no puedes aguantar más...es ése el momento en el que nace el bebé’.
Mientras que da la sensación de que todo funciona correctamente en el sistema sanitario público español, ¿habrá que pensar en posibles problemas que necesiten alguna solución? Antonio Jiménez suspira: ‘hay una montaña de cosas por hacer’. Tanto él como su hijo están de acuerdo en que la frustración es algo frecuente entre los profesionales médicos. Nos explican que son especialmente las doctoras de entre 35 y 45 años las que muestran las actitudes más negativas.
Y mientras que la tecnología ha proporcionado una sensación de seguridad a las mujeres, de que todo saldrá bien cuando las cosas se compliquen durante el embarazo, también se ha llevado consigo el contacto humano. ‘Más seguridad pero menos humanidad...’ afirma Antonio Jiménez. Carlos añade que tantas exigencias hacen imposible que se dedique más tiempo y la atención que requieren los partos. Luz hace hincapié también en esta idea: ‘es imposible ofrecer una atención más especializada ya que puede haber un doctor respaldado por uno o dos parteros/as atendiendo a ocho mujeres que están dando a luz a la vez en una noche’.
Olga Merino nos cuenta una experiencia similar cuando recuerda el momento del parto. Nos describe como una matrona entraba bruscamente a revisar como estaba ella y el bebé durante las contracciones antes de dejarla a ella y a su marido solos, sin decir ni una palabra o sin preocuparse por saber como se encontraba. Morgan Reiss se encontró con el mismo problema de atención personal y decidió complementar sus citas en el hospital público con las consultas de un ginecólogo privado.
Visto así, ¿quedan hoy en día momentos personales o íntimos en los hospitales públicos?
Quizás en los momentos justo después del nacimiento. Para Luz, que ha participado en 14 partos como doula, ese es el momento más preciado. ‘Ver a la madre tener el primer contacto con su bebé crea una situación hermosa. Te encuentras muy cerca de la forma más pura de vida, llena de amor. Estar ahí junto a los padres es el mejor regalo. Es como una inyección de vida que deseas cada vez más y más.’
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