Cada día nacen niños en varios puntos del planeta. Sin embargo, no todos nacen de la misma manera o bajo las mismas condiciones. Algunos vienen al mundo en un hospital público y otros lo hacen en uno privado. Algunos en una casa y otros en una bañera. ¿Cuál es el caso de Sevilla?
Es como cuando vas a tener una relación sexual: con seguridad y sin interrupciones. De esta manera se consigue un nacimiento orgásmico. ¿Qué querrá decir? La idea que nos da la doctora Marsden Wagner, directora de la organización de la salud de mujeres y niños del mundo, no es muy convencional. Pero todo cobra sentido tras escuchar a Luz Viudes Middelman, una doula (o matrona sustituta) procedente de Tarifa, que nos comenta esta revolucionaria idea, al punto de parecernos hasta lógica.
En su labor como doula, Luz se dedica a dar apoyo emocional y psicológico a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. Sus ojos brillan cuando nos habla sobre lo que ahora se conoce como un nacimiento orgásmico: ‘las personas involucradas deberían respetar, tanto como sea posible, la intimidad y la conexión que se crea en ese momento’.
Aunque es difícil conseguir esa intimidad en un sistema sanitario público. Basta con imaginar esas horas previas al parto (el sudor comienza a brotar, las obscenidades salen a gritos, el dolor se intensifica). Y en ese mismo momento una mujer mantiene una conversación con su marido sobre los planes que tiene para cenar con los abuelos el próximo fin de semana. Este no es precisamente el entorno tranquilo e íntimo al que Luz se refería. Por tanto, ¿es ésta la única opción para las mujeres en España?
En Andalucía, las opciones para las mujeres que van a dar a luz se reducen a los sistemas sanitarios públicos o privados. Según Antonio Jiménez, jefe del departamento de ginecología del Hospital Universitario Virgen de Macarena de Sevilla, el 80% escoge la vía pública. Si el 20% restante escoge un centro privado para poder disfrutar de una mejor comida, una habitación individual antes y después del parto (sin la mujer charlatana) y una atención más personalizada, por qué escoger cualquier otra opción?
El dinero es un factor importante. El doctor Carlos Jiménez, quien ha seguido los pasos de su padre en el campo de la ginecología, dice que se debe esperar un importe de más de 4450€ ($6700) para dar a luz en un hospital privado. Este precio sería considerado ‘una estafa’ en los Estados Unidos, en donde el paquete completo de felicidad roza los 5850€ ($8800) según un reportaje del March of Dimes en 2007. El caso es que en Estados Unidos no hay otra elección y en Sevilla las mujeres pueden elegir no pagar una fortuna.
Antonio enumera otro factor crítico que afecta a la decisión que son los recursos disponibles en el sistema público (una ventaja de la que hacen eco Olga Merino y Morgan Reiss, dos madres en Sevilla). La asistencia médica, las salas de parto, el personal y la tecnología que se ofrece son de mejor calidad. De hecho, si hubiese alguna complicación durante el parto en una institución privada, la afectada sería inmediatamente trasladada al hospital público más cercano.
El doctor Jiménez nos explica que esta ha sido la situación desde 1975, momento en el que la tecnología mejoró notablemente el desarrollo de los embarazos, partos y nacimientos en Sevilla. De acuerdo con las estadísticas, la tasa de mortalidad infantil descendió en picado de 22 muertes de cada 1000 nacimientos a sólo 6 o menos en 1998. La tasa de mortalidad materna también descendió de los 46 casos en 1975 a 2 en 1996.
En el pasado, los bebes prematuros que cabían en la palma de la mano no tenían ninguna esperanza de sobrevivir. Con la incorporación de las ‘máquinas milagrosas’, como los ventiladores y las incubadoras, los 4000 primerizos que nacen cada año en España tienen ahora la oportunidad de sobrevivir. Luz Viudes añade que el método conocido como ‘el cuidado canguro’ ha mejorado el panorama. Este método enfatiza la importancia del contacto entre el bebé y la madre, que ayuda a estabilizar el ritmo cardiaco, la temperatura corporal y la respiración del bebé. Amamantar al bebé es también una parte esencial de este método para desarrollar la fuerza del recién nacido. Un bebé prematuro que recibió la ayuda de Luz debía permanecer en la incubadora durante dos meses; combinando la tecnología y el método, el tiempo se redujo a tres semanas.
Otro desarrollos tecnológicos incluyen esa maravillosa inyección que la mayoría de las mujeres exige, cuyo efecto adormece la zona abdominal: la epidural. Este salvavidas no estaba disponible hasta mediados del siglo XX. La epidural da ahora a las mujeres la opción de sentir dolor o...menos dolor. Para Olga Merino, la epidural es ‘estar en la gloria’ después de horas de dolorosas y fatigosas contracciones. Antonio Jiménez señala que un 80% de las mujeres utilizan la epidural durante el parto. Y el 20% que no la utiliza caen en esta categoría simplemente porque no tienen tiempo para nada más. Un ínfimo 1% de las pacientes desean un parto natural, evitando el uso de la epidural.
A pesar de este pequeño porcentaje, muchos doctores, entre ellos Carlos Jiménez, están a favor de los partos naturales y se esfuerzan por hacer de éstos lo ‘más naturales que sea posible’. Y es que hay opciones para las mujeres: Morgan Reiss quiso dar a luz voluntariamente sin el uso de medicamentos. En principio había pensado en un parto en el agua, pero ya que en Sevilla no hay centros especializados tendría que desplazarse unos 350 kilómetros hasta Madrid. En lugar de eso, se le asignó la tarea un partero Belga (conocido como ‘la persona indicada para el trabajo’) de ayudar a Morgan con su embarazo y parto ya que él estaba bien informado, capacitado y dispuesto a realizar acciones revolucionarias. El partero resultó ser la opción indicada para Morgan: su parto ocurrió de forma rápida y simple que no hubiese tenido tiempo para pedir la epidural. Aunque admite que durante el momento más duro del parto la quiso desesperadamente, también nos cuenta con una sonrisa: ‘justamente cuando crees que no puedes aguantar más...es ése el momento en el que nace el bebé’.
Mientras que da la sensación de que todo funciona correctamente en el sistema sanitario público español, ¿habrá que pensar en posibles problemas que necesiten alguna solución? Antonio Jiménez suspira: ‘hay una montaña de cosas por hacer’. Tanto él como su hijo están de acuerdo en que la frustración es algo frecuente entre los profesionales médicos. Nos explican que son especialmente las doctoras de entre 35 y 45 años las que muestran las actitudes más negativas.
Y mientras que la tecnología ha proporcionado una sensación de seguridad a las mujeres, de que todo saldrá bien cuando las cosas se compliquen durante el embarazo, también se ha llevado consigo el contacto humano. ‘Más seguridad pero menos humanidad...’ afirma Antonio Jiménez. Carlos añade que tantas exigencias hacen imposible que se dedique más tiempo y la atención que requieren los partos. Luz hace hincapié también en esta idea: ‘es imposible ofrecer una atención más especializada ya que puede haber un doctor respaldado por uno o dos parteros/as atendiendo a ocho mujeres que están dando a luz a la vez en una noche’.
Olga Merino nos cuenta una experiencia similar cuando recuerda el momento del parto. Nos describe como una matrona entraba bruscamente a revisar como estaba ella y el bebé durante las contracciones antes de dejarla a ella y a su marido solos, sin decir ni una palabra o sin preocuparse por saber como se encontraba. Morgan Reiss se encontró con el mismo problema de atención personal y decidió complementar sus citas en el hospital público con las consultas de un ginecólogo privado.
Visto así, ¿quedan hoy en día momentos personales o íntimos en los hospitales públicos?
Quizás en los momentos justo después del nacimiento. Para Luz, que ha participado en 14 partos como doula, ese es el momento más preciado. ‘Ver a la madre tener el primer contacto con su bebé crea una situación hermosa. Te encuentras muy cerca de la forma más pura de vida, llena de amor. Estar ahí junto a los padres es el mejor regalo. Es como una inyección de vida que deseas cada vez más y más.’
Thursday, December 17, 2009
7 Pounds of Life
Babies are born every day in every part of the globe. However, they are not born in the same way or under the same conditions. Some enter this world in a public hospital, others in a private. Some in a house and others in a bath tub. How does it happen in Seville?
It’s got to be like it is when you make love with someone. It’s got to be safe and secure and uninterrupted. And that is how you have an orgasmic birth.” An orgasmic birth? The idea of Marsden Wagner, M.D., Director of Women and Children’s Health in the World Health Organization doesn’t exactly sound conventional. But when Luz Viudes Middelmann, a doula, or alternative midwife, in Tarifa, Spain, talks about this revolutionary idea, it doesn’t seem so “out there”… it just seems logical.
As a doula, Luz dedicates her life to providing emotional and psychological support to women during their pregnancy, labor, and post-labor experiences. Her eyes light up while talking about what has come to be known as an orgasmic birth: “The people that are involved should respect, as much as possible, the intimacy and connection that’s created.”
Intimacy is a little hard in the public health care system, though. Imagine the hours before going into labor – sweat starts streaming, profanities start flying, pain starts intensifying – and the woman next to you is casually chatting with her husband about dinner plans with the grandparents next weekend. Not really the setting for intimacy and tranquility Luz refers to. So, is this the only option for women in Spain?
In Andalusia, a woman’s options for giving birth can really be boiled down to the public or the private health care system. According to Antonio Jiménez, head of the Gynecology Department at the University Hospital Virgen Macarena in Seville, a majority 80 percent choose public. If the 20 percent that choose a private center get to enjoy better food, an individual room before and after delivery (without the chattering wife), and more personalized attention, why choose anything else?
Money is one factor. Doctor Carlos Jiménez, who has followed his father’s footsteps into the field of gynecology, says one should expect to pay upwards of $6,700 to give birth in a private hospital. Such a price could be considered a “steal” in the United States, which rakes in $8,800 for every bundle of joy according to the 2007 March of Dimes report. But the U.S. doesn’t have a choice. In Seville, women can choose to opt out of paying a fortune.
Doctor Antonio Jiménez continues that another critical factor affecting the decision is the superior resources available in the public system – an advantage echoed by Olga Merino and Morgan Reiss, two mothers in Seville. The medical assistance, the delivery rooms, the personnel, and the technology that is offered are of a higher quality. In fact, if a labor were to suddenly go wrong in a private hospital, the woman would be whisked away to the nearest public one.
Dr. Jiménez goes on to explain that it has been that way since 1975, when technology dramatically improved pregnancies, labors, and births in Seville. According to medical statistics, the rate of infant mortality plummeted from 22 deaths for every 1,000 births in 1975 to just under six in 1998. The rate of maternal death also dropped from 43 cases in 1975 to a mere two in 1996.
Also in the past, premature babies able to fit in the palm of a hand had little to no hope of survival. But with the introduction of miracle machines, such as ventilators and incubators, the 4,000 preemies born every year in Spain now have the chance to live. Luz Viudes adds that a revolutionary method known as “kangaroo care” has also improved their outlook. This method stresses the importance of skin-to-skin contact between mother and baby, helping to stabilize the baby’s heartbeat, temperature and breathing. Breastfeeding is also a key part of this technique to develop the newborn’s strength. A premature baby Luz helped to deliver was expected to be in an incubator for two months, but a combination of technology and kangaroo care quickly turned two months into three weeks.
Other technological developments include that wonderful little injection that practically numbs from the waist down: the highly sought-after epidural. This lifesaver wasn’t even an option until midway through the 20th century. Epidurals now give women the option of pain or… less pain. For Olga Merino, the epidural was “the glory” after hours of tiring, merciless contractions. Antonio Jiménez claims that 80 percent of women use epidurals during labor. And the 20 percent that don’t use them fall into that category simply because they don’t have time for anything else. A tiny, less than one percent of the population of the patients actually desire a natural birth, epidural-free.
Despite this small percentage, many doctors, including Carlos Jiménez, defend natural births and constantly strive to make labors “the most natural as possible.” And there are options for women, like Morgan Reiss, who voluntarily choose to give birth without drugs. Originally, Morgan had wanted to do a water birth, but since there are no specialized centers like this in Seville, she would have had to have made the 330-mile trek to Madrid. Instead, a Belgian midwife, known as “the one to go to” for natural births, was assigned to help Morgan with her pregnancy and labor because he is “informed and more ready and willing to do revolutionary things.” The midwife ended up being a perfect fit for Morgan and her labor was so quick and simple that she wouldn’t have had time for an epidural anyway. Although she admits that during the most intense moment of labor she had wanted it, she adds with a smile that “just when you think ‘I can’t do anymore’… that is when the baby arrives.”
While everything seems to be running smoothly in the Spanish health care system, are there any glitches to be fixed? Antonio Jiménez sighs, “there are a mountain of things.” Both he and his son agree that “burn out” is a frequent problem amongst medical professionals. They explain that female doctors 35-45 years old are especially affected and display the most negative attitudes.
And while technology has provided reassurance to women that all will go well in the critical moments of their pregnancy, it has also taken away from any personalization. “More security… less humanization,” states Antonio Jiménez. Carlos adds that so many demands make it impossible to dedicate the time and attention that labors require. Luz reiterates this idea: “It’s impossible to give more specialized attention because there might be one doctor with one or two midwives for eight women who are giving birth in one night.”
Olga Merino expresses a similar experience when recounting her labor. She describes a midwife briskly entering to monitor her and the baby during contractions before leaving her and her husband alone just as quickly, without another word or a “how are you feeling?” Morgan Reiss noticed the same personalization problem and turned to consults with a private gynecologist to supplement her appointments with the public hospital. “I wanted people to explain things more. In the consult, I could be with her an hour… it was much more personalized.”
Are there any intimate, personal, humane moments left in public hospitals today?
Perhaps in the moments right after birth. For Luz, who has been part of 14 births as a doula, that moment is the most precious. “To see the mom having her first contact with her baby creates such a beautiful situation. You are very close to life in the most pure form and one full of love. To be there with the parents is the best gift. It’s like an injection of life and you keep wanting more and more.”
It’s got to be like it is when you make love with someone. It’s got to be safe and secure and uninterrupted. And that is how you have an orgasmic birth.” An orgasmic birth? The idea of Marsden Wagner, M.D., Director of Women and Children’s Health in the World Health Organization doesn’t exactly sound conventional. But when Luz Viudes Middelmann, a doula, or alternative midwife, in Tarifa, Spain, talks about this revolutionary idea, it doesn’t seem so “out there”… it just seems logical.
As a doula, Luz dedicates her life to providing emotional and psychological support to women during their pregnancy, labor, and post-labor experiences. Her eyes light up while talking about what has come to be known as an orgasmic birth: “The people that are involved should respect, as much as possible, the intimacy and connection that’s created.”
Intimacy is a little hard in the public health care system, though. Imagine the hours before going into labor – sweat starts streaming, profanities start flying, pain starts intensifying – and the woman next to you is casually chatting with her husband about dinner plans with the grandparents next weekend. Not really the setting for intimacy and tranquility Luz refers to. So, is this the only option for women in Spain?
In Andalusia, a woman’s options for giving birth can really be boiled down to the public or the private health care system. According to Antonio Jiménez, head of the Gynecology Department at the University Hospital Virgen Macarena in Seville, a majority 80 percent choose public. If the 20 percent that choose a private center get to enjoy better food, an individual room before and after delivery (without the chattering wife), and more personalized attention, why choose anything else?
Money is one factor. Doctor Carlos Jiménez, who has followed his father’s footsteps into the field of gynecology, says one should expect to pay upwards of $6,700 to give birth in a private hospital. Such a price could be considered a “steal” in the United States, which rakes in $8,800 for every bundle of joy according to the 2007 March of Dimes report. But the U.S. doesn’t have a choice. In Seville, women can choose to opt out of paying a fortune.
Doctor Antonio Jiménez continues that another critical factor affecting the decision is the superior resources available in the public system – an advantage echoed by Olga Merino and Morgan Reiss, two mothers in Seville. The medical assistance, the delivery rooms, the personnel, and the technology that is offered are of a higher quality. In fact, if a labor were to suddenly go wrong in a private hospital, the woman would be whisked away to the nearest public one.
Dr. Jiménez goes on to explain that it has been that way since 1975, when technology dramatically improved pregnancies, labors, and births in Seville. According to medical statistics, the rate of infant mortality plummeted from 22 deaths for every 1,000 births in 1975 to just under six in 1998. The rate of maternal death also dropped from 43 cases in 1975 to a mere two in 1996.
Also in the past, premature babies able to fit in the palm of a hand had little to no hope of survival. But with the introduction of miracle machines, such as ventilators and incubators, the 4,000 preemies born every year in Spain now have the chance to live. Luz Viudes adds that a revolutionary method known as “kangaroo care” has also improved their outlook. This method stresses the importance of skin-to-skin contact between mother and baby, helping to stabilize the baby’s heartbeat, temperature and breathing. Breastfeeding is also a key part of this technique to develop the newborn’s strength. A premature baby Luz helped to deliver was expected to be in an incubator for two months, but a combination of technology and kangaroo care quickly turned two months into three weeks.
Other technological developments include that wonderful little injection that practically numbs from the waist down: the highly sought-after epidural. This lifesaver wasn’t even an option until midway through the 20th century. Epidurals now give women the option of pain or… less pain. For Olga Merino, the epidural was “the glory” after hours of tiring, merciless contractions. Antonio Jiménez claims that 80 percent of women use epidurals during labor. And the 20 percent that don’t use them fall into that category simply because they don’t have time for anything else. A tiny, less than one percent of the population of the patients actually desire a natural birth, epidural-free.
Despite this small percentage, many doctors, including Carlos Jiménez, defend natural births and constantly strive to make labors “the most natural as possible.” And there are options for women, like Morgan Reiss, who voluntarily choose to give birth without drugs. Originally, Morgan had wanted to do a water birth, but since there are no specialized centers like this in Seville, she would have had to have made the 330-mile trek to Madrid. Instead, a Belgian midwife, known as “the one to go to” for natural births, was assigned to help Morgan with her pregnancy and labor because he is “informed and more ready and willing to do revolutionary things.” The midwife ended up being a perfect fit for Morgan and her labor was so quick and simple that she wouldn’t have had time for an epidural anyway. Although she admits that during the most intense moment of labor she had wanted it, she adds with a smile that “just when you think ‘I can’t do anymore’… that is when the baby arrives.”
While everything seems to be running smoothly in the Spanish health care system, are there any glitches to be fixed? Antonio Jiménez sighs, “there are a mountain of things.” Both he and his son agree that “burn out” is a frequent problem amongst medical professionals. They explain that female doctors 35-45 years old are especially affected and display the most negative attitudes.
And while technology has provided reassurance to women that all will go well in the critical moments of their pregnancy, it has also taken away from any personalization. “More security… less humanization,” states Antonio Jiménez. Carlos adds that so many demands make it impossible to dedicate the time and attention that labors require. Luz reiterates this idea: “It’s impossible to give more specialized attention because there might be one doctor with one or two midwives for eight women who are giving birth in one night.”
Olga Merino expresses a similar experience when recounting her labor. She describes a midwife briskly entering to monitor her and the baby during contractions before leaving her and her husband alone just as quickly, without another word or a “how are you feeling?” Morgan Reiss noticed the same personalization problem and turned to consults with a private gynecologist to supplement her appointments with the public hospital. “I wanted people to explain things more. In the consult, I could be with her an hour… it was much more personalized.”
Are there any intimate, personal, humane moments left in public hospitals today?
Perhaps in the moments right after birth. For Luz, who has been part of 14 births as a doula, that moment is the most precious. “To see the mom having her first contact with her baby creates such a beautiful situation. You are very close to life in the most pure form and one full of love. To be there with the parents is the best gift. It’s like an injection of life and you keep wanting more and more.”
Monday, December 14, 2009
Saturday, December 12, 2009
Instantánea de Sevilla
Siempre recordaré Sevilla como esta foto: tranquila, preciosa, una mezcla de historia rica y la vida moderna. Cada día, yo veo esta vista en mi camino de mi casa en Triana hacia el centro de la ciudad y cada día, estoy anonadada. Echaré de menos las palmeras contra el cielo, la cumbre de La Giralda, y el rio tranquilo, pero espero que yo pueda volver en el futuro para ver la misma vista hermosa.
Wednesday, November 25, 2009
Nosotros También Somos Sevilla
Los rayos del sol caen de lleno sobre el pavimento mientras el sudor chorrea por la frente de Antonio. El sonido de los raperos de la radio llena el aire mientras él sostiene con fuerza un bate de béisbol. Los chicos que le observan contienen la respiración para el lanzamiento de Juan Manuel. Aquí viene. ¡CRRAAACKKKK! Las ovaciones estallan. Otro “jonrón” o home-run, que es como ellos pronuncian el momento cumbre de todo partido de béisbol.
La escena no ocurre en un suburbio de Nueva York o Chicago, sino en el extrarradio obrero del sur de Sevilla, en un barrio conocido como las Tres Mil Viviendas, al que servicios públicos como autobuses, taxis, ambulancias o incluso bomberos prefieren no ir. Ajenos a la mala fama y dificultades de su barrio, a Antonio y Juan Manuel, ambos de 17 años, les gustan el rap y los DJs, también practicar deporte y salir con sus novias.
Debido a la presión demográfica y a la especulación urbanística, en 1976, familias en su mayoría gitanas del arrabal de Triana vivían repartidas entre los diferentes poblados de chavolas que moteaban la periferia de la ciudad. El Gobierno de España inmediatamente posterior a la muerte del General Franco dotó entonces de fondos al Ayuntamiento de Sevilla para la creación de un enorme complejo de viviendas sociales bautizado como Polígono Sur, al que la voz popular rebautizó después como Las Tres Mil Viviendas. Sin embargo, lo que eran buenas intenciones políticas nunca pudieron transformarse en el oasis urbanístico y ciudadano previsto. Una nula planificación social, que nunca tuvo en cuenta la peculiar idiosincrasia del Pueblo Gitano, desembocó, antes incluso de llegar a los años ochenta, en todos los problemas de desintegración y marginación social hoy tristemente conocidos: drogas, delincuencia, absentismo escolar, analfabetismo o insalubridad, todos ellos a fecha de hoy aún sin solución.
Según un informe del Defensor del Pueblo Andaluz de Febrero de 2004 (esta sería una muestra de atribución), el Polígono Sur era entonces una de las zonas con mayor desigualdad respecto al resto de la población local y con mayor riesgo de exclusión social de toda España. Las altas tasas de desempleo conviven con un alto índice de absentismo escolar y un nivel de analfabetismo hoy olvidado en otras partes del país. Hay en cambio ciertas realidades que contradicen este destino. Muchos de los estudiantes del Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande, situado en las márgenes del barrio, responden al dicho tan coreado en él de “Nosotros también somos Sevilla.” Los 800 estudiantes de este instituto cuentan con oportunidades que muchos sabrán aprovechar. Además de bachilleratos en artes, ciencias, o humanidades, el instituto ofrece, a través de sus denominadas aulas de diversificación, programas para la inserción profesional de sus alumnos menos motivados académicamente. El sistema educativo les garantiza un futuro laboral siempre y cuando acudan al centro a diario, en lugar de estar expuestos a actividades de marginación en la calle.
Sin embargo, las dificultades para los profesionales del centro son muchas: ruido y falta de atención constantes por parte de los alumnos, violencia esporádica, algunos embarazos no deseados y, sobre todo, profesores derrotados debido la falta de respeto que padecen y a tanta lucha diaria. Las bajas por depresión son frecuentes y lo peor es que la autoridad educativa no envía sustitutos. Mientras todas las aulas se encuentran equipadas con ordenadores nuevos o el centro ofrece gran cantidad de programas extraescolares, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía prefiere ahorrar en lo esencial, en el componente profesional humano. Así nos lo describe consternada Encarnación Quiroga, orientadora académica y psicóloga del centro.
Los chicos viven ajenos a las preocupaciones de quienes se ocupan profesionalmente de ayudarles a conseguir un futuro digno. A diferencia de a sus compañeros de clase Antonio y Juan Manuel, a Rosario y a Yudi les encanta el reggaetón. “¡Sigue el ritmo! Tras…tras…tras. ¡Con estilo!” grita Rosario mientras mueve sus caderas al son de la música. Yudi y sus otras amigas estallan en carcajadas. Reggaetones como “Wegue Wegue”, tan popular en Sevilla como en los Estados Unidos, son su música favorita. Apenas pasan un día sin escuchar a Wisin y Yandel o a Daddy Yankee. Lo cierto es que aunque también les gusten iconos populares como Beyoncé o Shakira, lo que de verdad las une a sus raíces es su pasión por el flamenco, nacido hace más de dos siglos en Triana, a orillas del populoso río Guadalquivir gracias a los gitanos venidos del Este.
Antonio quiere viajar cuando acabe en la escuela y tal vez ser masajista. Juan Manuel no sabe lo que quiere pero en general le gusta la tecnología. Daniel por su parte tiene un gran talento para la música, en particular para hacer “raps”. Nos resume con uno de ellos, como si fuera el grito de toda la juventud de este barrio, lo que él siente: “Políticos no necesitamos centros cívicos…necesitamos centros residenciales, más maestros, más materiales…para crear más líderes y menos criminales.”
La escena no ocurre en un suburbio de Nueva York o Chicago, sino en el extrarradio obrero del sur de Sevilla, en un barrio conocido como las Tres Mil Viviendas, al que servicios públicos como autobuses, taxis, ambulancias o incluso bomberos prefieren no ir. Ajenos a la mala fama y dificultades de su barrio, a Antonio y Juan Manuel, ambos de 17 años, les gustan el rap y los DJs, también practicar deporte y salir con sus novias.
Debido a la presión demográfica y a la especulación urbanística, en 1976, familias en su mayoría gitanas del arrabal de Triana vivían repartidas entre los diferentes poblados de chavolas que moteaban la periferia de la ciudad. El Gobierno de España inmediatamente posterior a la muerte del General Franco dotó entonces de fondos al Ayuntamiento de Sevilla para la creación de un enorme complejo de viviendas sociales bautizado como Polígono Sur, al que la voz popular rebautizó después como Las Tres Mil Viviendas. Sin embargo, lo que eran buenas intenciones políticas nunca pudieron transformarse en el oasis urbanístico y ciudadano previsto. Una nula planificación social, que nunca tuvo en cuenta la peculiar idiosincrasia del Pueblo Gitano, desembocó, antes incluso de llegar a los años ochenta, en todos los problemas de desintegración y marginación social hoy tristemente conocidos: drogas, delincuencia, absentismo escolar, analfabetismo o insalubridad, todos ellos a fecha de hoy aún sin solución.
Según un informe del Defensor del Pueblo Andaluz de Febrero de 2004 (esta sería una muestra de atribución), el Polígono Sur era entonces una de las zonas con mayor desigualdad respecto al resto de la población local y con mayor riesgo de exclusión social de toda España. Las altas tasas de desempleo conviven con un alto índice de absentismo escolar y un nivel de analfabetismo hoy olvidado en otras partes del país. Hay en cambio ciertas realidades que contradicen este destino. Muchos de los estudiantes del Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande, situado en las márgenes del barrio, responden al dicho tan coreado en él de “Nosotros también somos Sevilla.” Los 800 estudiantes de este instituto cuentan con oportunidades que muchos sabrán aprovechar. Además de bachilleratos en artes, ciencias, o humanidades, el instituto ofrece, a través de sus denominadas aulas de diversificación, programas para la inserción profesional de sus alumnos menos motivados académicamente. El sistema educativo les garantiza un futuro laboral siempre y cuando acudan al centro a diario, en lugar de estar expuestos a actividades de marginación en la calle.
Sin embargo, las dificultades para los profesionales del centro son muchas: ruido y falta de atención constantes por parte de los alumnos, violencia esporádica, algunos embarazos no deseados y, sobre todo, profesores derrotados debido la falta de respeto que padecen y a tanta lucha diaria. Las bajas por depresión son frecuentes y lo peor es que la autoridad educativa no envía sustitutos. Mientras todas las aulas se encuentran equipadas con ordenadores nuevos o el centro ofrece gran cantidad de programas extraescolares, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía prefiere ahorrar en lo esencial, en el componente profesional humano. Así nos lo describe consternada Encarnación Quiroga, orientadora académica y psicóloga del centro.
Los chicos viven ajenos a las preocupaciones de quienes se ocupan profesionalmente de ayudarles a conseguir un futuro digno. A diferencia de a sus compañeros de clase Antonio y Juan Manuel, a Rosario y a Yudi les encanta el reggaetón. “¡Sigue el ritmo! Tras…tras…tras. ¡Con estilo!” grita Rosario mientras mueve sus caderas al son de la música. Yudi y sus otras amigas estallan en carcajadas. Reggaetones como “Wegue Wegue”, tan popular en Sevilla como en los Estados Unidos, son su música favorita. Apenas pasan un día sin escuchar a Wisin y Yandel o a Daddy Yankee. Lo cierto es que aunque también les gusten iconos populares como Beyoncé o Shakira, lo que de verdad las une a sus raíces es su pasión por el flamenco, nacido hace más de dos siglos en Triana, a orillas del populoso río Guadalquivir gracias a los gitanos venidos del Este.
Antonio quiere viajar cuando acabe en la escuela y tal vez ser masajista. Juan Manuel no sabe lo que quiere pero en general le gusta la tecnología. Daniel por su parte tiene un gran talento para la música, en particular para hacer “raps”. Nos resume con uno de ellos, como si fuera el grito de toda la juventud de este barrio, lo que él siente: “Políticos no necesitamos centros cívicos…necesitamos centros residenciales, más maestros, más materiales…para crear más líderes y menos criminales.”
Marruecos
Yo fui a Marruecos: una vida totalmente distinta de la que yo vivo en los estados unidos y aun en Sevilla. Me gusta aprender de una cultura nuevo, pero desde Marruecos, no entiendo porque la gente nos llama (como americanos) “close-minded” y no dispuesto a aceptar otras culturas. Nuestro guía, un hombre musulmán, era muy defensivo de su cultura y religión (de Islam) y atacaba nuestro propia cultura de los Estados Unidos. En vez de contestar nuestras preguntas y curiosidades sobre su cultura, el replicaba con comentarios como: “Pues, NO entiendo como en SU cultura que las mujeres pueden vestirse en ropa que se ajusta al cuerpo y muestra todo del cuerpo de una mujer…NO entiendo como una mujer vestirse sexy, sin mucha ropa, es un anuncio por cerillas...” etc. Despotricar contra nuestra cultura no ayuda nada. Nosotros no podemos entender sus creencias si él está atacando las de nosotros constantemente. Si, tal vez no es lógico para usar imágenes de mujeres sexy para hacer publicidad, pero en los Estados Unidos, no significa que estamos explotando las mujeres como el guía pensaba. Yo entiendo que según al Islam, las mujeres deben estar cubiertas totalmente cuando ellas están en las calles porque sus cuerpos son para sus maridos exclusivamente y no para los demás. Pero, en mi mente, esta tradición puede significar que los hombres piensan en sus mujeres como su propio propiedad, algo que ellos pueden controlar…y esto no puedo entender. Sí, las imágenes de mujeres están usando para publicidad en los EEUU, pero no significa que la mujer es “libre” para todos. Toda la gente puede “disfrutar de” y mirar a su cuerpo, pero no es una falta de respeto a ella ni su marido.
Sí, hay muchas cosas que los americanos no entienden, pero por lo menos, la mayoría de nosotros están dispuestos a aprender cosas nuevas. Mi viaje a Marruecos “abría mis ojos” y estaba alegre que yo tuve la oportunidad para aprender de una cultura nueva, pero yo pienso que el mundo debe darle cuenta de que los americanos no son las únicas personas, teóricamente, que son ignorantes.
Sí, hay muchas cosas que los americanos no entienden, pero por lo menos, la mayoría de nosotros están dispuestos a aprender cosas nuevas. Mi viaje a Marruecos “abría mis ojos” y estaba alegre que yo tuve la oportunidad para aprender de una cultura nueva, pero yo pienso que el mundo debe darle cuenta de que los americanos no son las únicas personas, teóricamente, que son ignorantes.
Sunday, November 15, 2009
¿Por qué no sonríe?
He notado que muchas personas no sonríen en las calles de Sevilla. ¿Por qué? En los Estados Unidos, es muy común que las personas sonríen en uno al otro, aun si ellos sean desconocidos. En Sevilla sin embargo, es casi el opuesto de una sonrisa. Las personas aparecen preocupados, desgraciados, o enfadados. Una de mis profesores nos dijo que la razón es debido a la historia. La era del Franco les hacen a todo la población dudoso e incapaz de confiar en los otros. Si se camina por las calles, es desconocido si la otra persona es “en su lado” o no. Por eso, las personas no se fiaban de nadie. Y ahora, pocos anos después de esta época (con respeto a la historia de Europa y España en total), las costumbres de esa era permanecen: por lo visto en la forma de no sonrisas.
Es interesante que yo encontré la misma cosa en Roma, Italia: las personas no sonríen. Otra vez, ¿Por qué? Mi novio me dijo que uno de sus profesores le dijo que ellos tienen miedo de las arrugas. Por eso, ellos no sonríen o se ríen mucho. Extraño. Supongo que los americanos tendrían muchas arrugas cuando tienen muchos anos. Por lo menos, hay Botox.
Es interesante que yo encontré la misma cosa en Roma, Italia: las personas no sonríen. Otra vez, ¿Por qué? Mi novio me dijo que uno de sus profesores le dijo que ellos tienen miedo de las arrugas. Por eso, ellos no sonríen o se ríen mucho. Extraño. Supongo que los americanos tendrían muchas arrugas cuando tienen muchos anos. Por lo menos, hay Botox.
Muy Chulo
Yo había olvidado cuanto amo la playa. Pero el momento que yo caminé sobre la arena en una playa en Tarifa, “caí en amor” de nuevo. Después meses en el ajetreo de una ciudad, me doy cuenta de mi amor por una vida más sencilla y más tranquila. Me encanta todo de la playa: el sentido del sol me calienta mi cara, el olor del agua salada me recuerda a los recuerdos felices, y los ruidos de las olas me traen paz. Con mis pies en el agua, estoy en un momento de felicidad completa. Todo en este pueblo parece a mover más despacio. Aun las olas parecen estrellar lentamente. Tal vez es que no es la temporada turista o es que es un sábado durante la siesta, no sé, pero me gusta la atmósfera. Tarifa es un pueblo muy chulo. Es llena de tiendas de colores muy vivos y cada tienda tiene que ver con surfing, “kite-surfing,” o monopatines. Tiene un sentido muy “joven” y “de moda” mientras se pasa por las calles de las tiendas como “O’Neill” y “Billabong” y en la distancia se puede ver las rampas de los monopatines. Pero, por otro lado, hay cafés pequeños donde los mayores sientan, charlan, y toman un café durante la siesta. Aunque estaba en Tarifa por solo cuatro y media horas, yo sabía inmediatamente que yo lo adoraría.
Thursday, October 8, 2009
Una Estudiante en Sevilla
Yo veo la cuidad que brilla en la distancia mientras los rayos del sol empiezan a estirar sobre el horizonte. Oigo el rumor de voces de las personas que están disfrutando de sus últimas vacaciones antes de que el fin del verano sea la realidad. Me siento el entusiasmo y la cháchara de los estudiantes, listos para sus próximos tres meses inmersos en una nueva cultura espectacular. Huelo los gases de las taxis que llevaron a toda prisa las personas a sus aventuras nuevas y distintas. Debo estar soñando.
Pero de repente, estoy despierta y la única cosa que yo veo es una cinta transportadora vacía, un guarda de seguridad, y lagrimas. Mi equipaje…no...mi vida por tres meses...está perdido. El bolso de mi madre...todos de sus objetos de valor…están robados. De los 240.000 (y más) estudiantes que estudian en el extranjero cada año, yo soy la única que empieza su experiencia en esta manera.
Ahora, no es un sueño, sino una pesadilla. No me siento el entusiasmo. No oigo la cháchara. Solamente veo los rayos del sol, jugueteando de los edificios, me ciegan y me prohíban de ver la posibilidad de una experiencia increíble.
Pero de repente, estoy despierta y la única cosa que yo veo es una cinta transportadora vacía, un guarda de seguridad, y lagrimas. Mi equipaje…no...mi vida por tres meses...está perdido. El bolso de mi madre...todos de sus objetos de valor…están robados. De los 240.000 (y más) estudiantes que estudian en el extranjero cada año, yo soy la única que empieza su experiencia en esta manera.
Ahora, no es un sueño, sino una pesadilla. No me siento el entusiasmo. No oigo la cháchara. Solamente veo los rayos del sol, jugueteando de los edificios, me ciegan y me prohíban de ver la posibilidad de una experiencia increíble.
Sunday, October 4, 2009
Bienvenido al Mundo
Dar la luz es un milagro. Por supuesto, esta frase ha sido repetido muchísimas veces, pero es muy difícil para descríbelo en cualquiera otra manera. Dar la luz es crear una vida. Sin esto, ¿Qué sería nuestro mundo?
El embarazo de una mujer puede ser los más increíbles nueve meses de su vida; sin embargo, puede ser meses frustrantes, cansados, y confusos. Por eso, ¿Cómo preparan las mujeres españolas en estos nueve meses? ¿Cuáles son sus opciones de asistencia médica en este tiempo crítico que lleva al nacimiento? ¿Cómo dan la luz las mujeres españolas…en una manera moderna o en una manera más tradicional? ¿Cuál es la opción mejor? ¿Por qué? ¿Cambian las tendencias con las generaciones nuevas?
En mi investigación de este tema, espero contestar todas estas preguntas y, también, investigar más el milagro de dar la luz en España y todo que está relacionado con esto proceso.
El embarazo de una mujer puede ser los más increíbles nueve meses de su vida; sin embargo, puede ser meses frustrantes, cansados, y confusos. Por eso, ¿Cómo preparan las mujeres españolas en estos nueve meses? ¿Cuáles son sus opciones de asistencia médica en este tiempo crítico que lleva al nacimiento? ¿Cómo dan la luz las mujeres españolas…en una manera moderna o en una manera más tradicional? ¿Cuál es la opción mejor? ¿Por qué? ¿Cambian las tendencias con las generaciones nuevas?
En mi investigación de este tema, espero contestar todas estas preguntas y, también, investigar más el milagro de dar la luz en España y todo que está relacionado con esto proceso.
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